"Y, ¿desde cuándo dejamos de dar consejos para empezar a dar "Tips"? ¿Desde cuándo dejamos de pegar calcomanías para empezar a pegar stickers? A eso es a lo que yo apunto. El otro día llamaron a un amigo para participar de un concurso. Él es diseñador y la temática era "Somos Latinos". Frente a eso yo pensaba ir con la idea de decir "No somos para nada Latinos", porque ese es un término que nos pusieron los anglosajones, como los anteriormente descriptos. Porque, claro, ellos son americanos y nosotros latinos. ¿Por qué no son ellos los anglosajones y nosotros los americanos? No se puede permitir esta clase de robos, o de imposiciones de parte de los de 'más arriba', porque así es como empiezan a perderse las cosas. Por ejemplo: Vos trabajás en un Mc Donald's limpiando baños, para darle de comer a toda tu familia. Y un día, vas a llegar más contento de costumbre al grito de 'Me ascendieron de Limpiador Junior a Limpiador Senior'. Claro, eso suena mucho más lindo que decir 'Ahora puedo limpiar los baños con guantes'. Así como suena mucho más lindo el hecho de decir 'Bueno, ahora en esta oficina vos vas a trabajar en ese box', en vez de decir 'Vos, de ahora en más, vas a trabajar en esa caja'. Así es como trabajan todos en las oficinas, encajados."
Ese tipo fue mucho más que un profesor de literatura. Gracias a él conocí nuevos autores. Gracias a él pude hacer análisis mucho más exhaustivos, y como si eso no fuera suficiente, también me enseñó a mirar el mundo desde otro lado.
miércoles, 12 de marzo de 2014
Treinta y tres.
A ella le encantaba ponerlo nervioso. Él se comportaba como una criatura, se ponía colorado y no sabía que contestar. Tartamudeaba, le transpiraban las manos y fumaba como si no hubiera un mañana. Y ella se divertía con eso.
- ¿Algún día nos sentaremos a hablar de todo lo innombrable?
- No se, es como que ya no pienso más. No tiene sentido nada de lo que digamos, es en vano. Los dos lo sabemos. Entonces prefiero hacerte caso a lo que dijiste aquella vez, y que sea como sea y que dure lo que tenga que durar.
- Ah, mirá que bien. Bueno, algún día te voy a sentar en una silla y te voy a ametrallar a preguntas. No sé cuando, pero que lo voy a hacer, lo voy a hacer.
- No nos pongamos serios, es muy temprano y tengo sueño.
- No me quiero llevar ciertas dudas a la tumba.
- Si vos me preguntás alguna vez, yo haré lo mismo.
- Está bien, será mutuo entonces.
- No estoy del todo seguro si será bueno o malo, o si estará bien o mal... Pero nunca hicimos nada bien, asi que todo puede ser.
- Por eso te digo: Con vos es ensayo y error. Más error que ensayo, me animaría a decir.
- Desde el día en que nos fuimos juntos del bar, y terminamos hablando toda la noche a los pies de un edificio, hace como dos años atrás, que empezaron nuestros errores. Aunque hay que admitir que tuvimos momentos muy lindos... Todo no se puede. Mirá cómo te tiro la historia, me acuerdo de todo.
- No te podés acordar de todo. Me vas a matar un día de estos. ¿Ves? Esto va a ser una cosa que algún día me vas a tener que contestar.
- ¿Qué cosa?
- ¿Te acordás todo de todas tus chicas? Si o no. Nada de excusas.
- La respuesta es ni. Tengo buena memoria, pero digamos que me acuerdo más cuando es alguien importante para mi, o es algo que esperaba mucho. Por ejemplo, me acuerdo que tenías una camperita con capucha gris, con la que te tapabas cada vez que te ponías mal y no querías que te abrazara, estábamos frente a la parada de los bondis, sentados en el escalón de un negocio... No me acuerdo cosas así de toda mi vida, se entiende?
- Sí. Bueno, las preguntas siguen, pero me asusta que sepas todo, asi que mejor me callo. No sé...
- Qué cosa no sabes?
- Te haría un interrogatorio interminable pero... Y si me das todas respuestas como esas y yo soy la que se queda sin preguntas? Entonces no sé qué hacer.
- No, ya fue, dale. ¿Para qué preguntar tanto? ¿Querés saber si me acuerdo otras cosas?
- No. Quiero que me expliques porqué te acordas tantas cosas que tienen que ver conmigo.
- No me hagas responder. Estamos entrando en un lugar complicado y no tiene motivo.
- ¿Por qué complicado? Pensá que, de última, tengo terapia en una hora. Asi que, cualquier cosa que desarregle o desarregles, podré arreglarla en el consultorio de mi terapeuta.
- Porque sí. No estoy cómodo. ¿Lo podemos dejar acá?
- ¿No me contestás porque no estás cómodo? ¿Ese es tu motivo?
- Ya te dije que me acuerdo muchas cosas, pero de las personas importantes más. Y te describo un instante de hace dos años como si fuera ayer. ¿No es obvia la respuesta a tu pregunta?
- No. Pero bueno, no estás cómodo, salgamos de acá.
- Sos importante para mí. Ya sé que fueron meses de ir y venir, después un mes bien, un mes mal... Pero de una u otra forma me gusta. Sino no estaríamos hablando ahora, ¿no? En muy poco tiempo, me pasaron cosas grosas con vos. Estuve con mujeres más tiempo garchando, y no me acuerdo tantas cosas... Ya sé que estás contenta por las respuestas que te estoy dando, por lo que te digo. No entiendo porqué. Pero no me siento cómodo, ya sabés como soy.
- Algún día vos y yo nos vamos a sentar a charlar con más tiempo. Va a haber cosas que me van a gustar y cosas que no, al igual que te pasará a vos. Pero lo creo necesario.
- No me gusta hablar de lo que me pasa o pasó. Prefiero cagarme a piñas. Sabés que soy un cavernario, ¿por qué me hacés esto?
- Porque te conozco y sé que puedo hacer que me hables.
- No sé para qué querés hablar, con qué objeto? Si nada va a cambiar.
- ¿Estás dolido?
- No, no sé, qué se yo. ¿Podemos salir de acá? La puta madre...
- Está bien. Pero vos y yo algún día vamos a hacer tres litros de mate, vamos a llenar varios ceniceros y vamos a hablar. Te quiero.
- Yo también.
A partir de ese día, no lo puso nervioso nunca más. Se dio cuenta que él se ponía nervioso, pero también entendió que ella le rompió el corazón. Y ahí entendió: Él no estaba nervioso, tenía el corazón roto. Nada más ni nada menos. Ella debía cargar con ese peso. Ahora la nerviosa era ella.
- ¿Algún día nos sentaremos a hablar de todo lo innombrable?
- No se, es como que ya no pienso más. No tiene sentido nada de lo que digamos, es en vano. Los dos lo sabemos. Entonces prefiero hacerte caso a lo que dijiste aquella vez, y que sea como sea y que dure lo que tenga que durar.
- Ah, mirá que bien. Bueno, algún día te voy a sentar en una silla y te voy a ametrallar a preguntas. No sé cuando, pero que lo voy a hacer, lo voy a hacer.
- No nos pongamos serios, es muy temprano y tengo sueño.
- No me quiero llevar ciertas dudas a la tumba.
- Si vos me preguntás alguna vez, yo haré lo mismo.
- Está bien, será mutuo entonces.
- No estoy del todo seguro si será bueno o malo, o si estará bien o mal... Pero nunca hicimos nada bien, asi que todo puede ser.
- Por eso te digo: Con vos es ensayo y error. Más error que ensayo, me animaría a decir.
- Desde el día en que nos fuimos juntos del bar, y terminamos hablando toda la noche a los pies de un edificio, hace como dos años atrás, que empezaron nuestros errores. Aunque hay que admitir que tuvimos momentos muy lindos... Todo no se puede. Mirá cómo te tiro la historia, me acuerdo de todo.
- No te podés acordar de todo. Me vas a matar un día de estos. ¿Ves? Esto va a ser una cosa que algún día me vas a tener que contestar.
- ¿Qué cosa?
- ¿Te acordás todo de todas tus chicas? Si o no. Nada de excusas.
- La respuesta es ni. Tengo buena memoria, pero digamos que me acuerdo más cuando es alguien importante para mi, o es algo que esperaba mucho. Por ejemplo, me acuerdo que tenías una camperita con capucha gris, con la que te tapabas cada vez que te ponías mal y no querías que te abrazara, estábamos frente a la parada de los bondis, sentados en el escalón de un negocio... No me acuerdo cosas así de toda mi vida, se entiende?
- Sí. Bueno, las preguntas siguen, pero me asusta que sepas todo, asi que mejor me callo. No sé...
- Qué cosa no sabes?
- Te haría un interrogatorio interminable pero... Y si me das todas respuestas como esas y yo soy la que se queda sin preguntas? Entonces no sé qué hacer.
- No, ya fue, dale. ¿Para qué preguntar tanto? ¿Querés saber si me acuerdo otras cosas?
- No. Quiero que me expliques porqué te acordas tantas cosas que tienen que ver conmigo.
- No me hagas responder. Estamos entrando en un lugar complicado y no tiene motivo.
- ¿Por qué complicado? Pensá que, de última, tengo terapia en una hora. Asi que, cualquier cosa que desarregle o desarregles, podré arreglarla en el consultorio de mi terapeuta.
- Porque sí. No estoy cómodo. ¿Lo podemos dejar acá?
- ¿No me contestás porque no estás cómodo? ¿Ese es tu motivo?
- Ya te dije que me acuerdo muchas cosas, pero de las personas importantes más. Y te describo un instante de hace dos años como si fuera ayer. ¿No es obvia la respuesta a tu pregunta?
- No. Pero bueno, no estás cómodo, salgamos de acá.
- Sos importante para mí. Ya sé que fueron meses de ir y venir, después un mes bien, un mes mal... Pero de una u otra forma me gusta. Sino no estaríamos hablando ahora, ¿no? En muy poco tiempo, me pasaron cosas grosas con vos. Estuve con mujeres más tiempo garchando, y no me acuerdo tantas cosas... Ya sé que estás contenta por las respuestas que te estoy dando, por lo que te digo. No entiendo porqué. Pero no me siento cómodo, ya sabés como soy.
- Algún día vos y yo nos vamos a sentar a charlar con más tiempo. Va a haber cosas que me van a gustar y cosas que no, al igual que te pasará a vos. Pero lo creo necesario.
- No me gusta hablar de lo que me pasa o pasó. Prefiero cagarme a piñas. Sabés que soy un cavernario, ¿por qué me hacés esto?
- Porque te conozco y sé que puedo hacer que me hables.
- No sé para qué querés hablar, con qué objeto? Si nada va a cambiar.
- ¿Estás dolido?
- No, no sé, qué se yo. ¿Podemos salir de acá? La puta madre...
- Está bien. Pero vos y yo algún día vamos a hacer tres litros de mate, vamos a llenar varios ceniceros y vamos a hablar. Te quiero.
- Yo también.
A partir de ese día, no lo puso nervioso nunca más. Se dio cuenta que él se ponía nervioso, pero también entendió que ella le rompió el corazón. Y ahí entendió: Él no estaba nervioso, tenía el corazón roto. Nada más ni nada menos. Ella debía cargar con ese peso. Ahora la nerviosa era ella.
Treinta y dos.
- Qué pensaste cuando me viste por primera vez?
- No sé, cuándo te vi? Mirá, la primera vez que te vi estabas con una amiga. Y nada, me pareciste hermosa, pero que algún mambo tenías. Era como que me intrigabas. Yo observo a la gente y veo cosas. Como que te querés llevar el mundo por delante, que querés ser el centro. Pero es porque querés que te contengan, que te abracen fuerte y dejar que el otro se haga cargo de todo, al menos, por un rato. Después, un día, hablamos porque sí. Con la excusa de compartir birra, fernet, y cigarrillos. Obvio que por momentos eras una estrella, pero cuando bajabas la guardia conmigo, eras pura ternura. Vos, cuál es el recuerdo más lejano que tenés de mi?
- Una noche que hablamos, mientras mi amiga se durmió sobre una mesa. Me acuerdo también que hablamos por facebook, bah, varias. Y eso fue el principio del fin.
- Esa noche me la acuerdo. Estaban sentados a los pies de la escalera. Y nosotros hablábamos en la barra. Y si no me equivoco, fue ahí -o al otro fin de semana- que me pasaste tu facebook. Me acuerdo patente que me tocaste el orto esa noche. Ya estás rumbo a la psicóloga?
- Si. Me acabo de subir al bondi. Me estás rajando, de casualidad?
- Algo así, vos me entenderás. Ya te hice compañía en tu madrugón.
- Si, gracias.
- Te voy a querer siempre.
- Hasta siempre, entonces.
- Nunca mejor dicho. Hasta siempre.
Esa fue la última vez que hablaron. Al menos hasta el día de hoy.
- No sé, cuándo te vi? Mirá, la primera vez que te vi estabas con una amiga. Y nada, me pareciste hermosa, pero que algún mambo tenías. Era como que me intrigabas. Yo observo a la gente y veo cosas. Como que te querés llevar el mundo por delante, que querés ser el centro. Pero es porque querés que te contengan, que te abracen fuerte y dejar que el otro se haga cargo de todo, al menos, por un rato. Después, un día, hablamos porque sí. Con la excusa de compartir birra, fernet, y cigarrillos. Obvio que por momentos eras una estrella, pero cuando bajabas la guardia conmigo, eras pura ternura. Vos, cuál es el recuerdo más lejano que tenés de mi?
- Una noche que hablamos, mientras mi amiga se durmió sobre una mesa. Me acuerdo también que hablamos por facebook, bah, varias. Y eso fue el principio del fin.
- Esa noche me la acuerdo. Estaban sentados a los pies de la escalera. Y nosotros hablábamos en la barra. Y si no me equivoco, fue ahí -o al otro fin de semana- que me pasaste tu facebook. Me acuerdo patente que me tocaste el orto esa noche. Ya estás rumbo a la psicóloga?
- Si. Me acabo de subir al bondi. Me estás rajando, de casualidad?
- Algo así, vos me entenderás. Ya te hice compañía en tu madrugón.
- Si, gracias.
- Te voy a querer siempre.
- Hasta siempre, entonces.
- Nunca mejor dicho. Hasta siempre.
Esa fue la última vez que hablaron. Al menos hasta el día de hoy.
Treinta y uno.
La segunda noche que se quedó a dormir en el departamento, se despertó en medio de la noche. Se desveló. Daba vueltas y vueltas, y no podía conciliar el sueño. Y en el intento de ir en busca de un libro, abrió el placard y se encontró con el atado de cigarrillos vacío que ella le regaló una vez, así como con una servilleta en dónde ella le escribió su facebook la cuarta noche que hablaron en el bar.
Vino corriendo a contármelo.
Y juntas nos dimos cuenta que el flaco no la iba a dejar ir tan facilmente. Y que, a fin de cuentas, no la iba a olvidar nunca más.
Vino corriendo a contármelo.
Y juntas nos dimos cuenta que el flaco no la iba a dejar ir tan facilmente. Y que, a fin de cuentas, no la iba a olvidar nunca más.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Treinta.
"Estábamos los dos juntos esperando el colectivo mientras llovía a cántaros. Pero poco nos importaba. En cuanto llegó el bondi, le dí el abrazo más fuerte que pude, de hecho nunca creí que se podía abrazar a alguien con tanto sentimiento. Y ahí fue cuando supe que no lo iba a dejar nunca"
Si me preguntan que es el amor, les puedo recomendar que pasen los días de lluvia por la calle Diaz Velez y los miren. No hay amor más grande que el de ellos, el de dos personas que esperan juntos.
Si me preguntan que es el amor, les puedo recomendar que pasen los días de lluvia por la calle Diaz Velez y los miren. No hay amor más grande que el de ellos, el de dos personas que esperan juntos.
Veintinueve.
Me contó que le hacía temblar desde las pestañas hasta la punta de los pies. Que hacía ricos mates y que podría mirarlo un día entero sin cansarse. Que jugaban a ver quién se reía más fuerte, a ver quién hacía el chiste más malo.
Hasta que un día, ella lo acompañó hasta la parada del 109, ahí en Corrientes y Angel Gallardo. El pibe desapareció, nadie sabe bien que pasó ni por qué se borro. Malas lenguas hay por todos lados, pero esta muchacha, hoy puñado de huesos y pocas ganas, prefiere pensar que algún día va a volver. Ella todavía lo espera, todos los lunes, en el mismo lugar y a la misma hora.
Veintiocho.
Fue lo de siempre, digamos.
Siempre supe que la gente es provisoria, temporal. Pero resulta que no sé si estaba preparada para perderle el rastro. Con tantos mates y tantos puchos de por medio, me dolió perderle el rastro. Pero, con el tiempo, será alguien más que se suma a la lista de quienes pasaron sin pena ni gloria, y así se fueron. No es nada del otro mundo, he pasado dolores peores.
De hecho -me tomo el atrevimiento de tomar algo prestado de un gran escritor-, con tantas personas perdidas, llorar por cosas como esta, sería como faltarle el respeto al dolor. Aunque el muy canalla, más de una vez ha sido el encargado de faltarme el respeto.
Fue lo de siempre, digamos.
Veintisiete.
Nunca entendí cómo podía caber tanto desamor dentro de una misma persona.
Pero, un día vino y me dijo: "Es lo que me parece mejor, dejar que el tiempo pase y acomode las cosas."
Pero, un día vino y me dijo: "Es lo que me parece mejor, dejar que el tiempo pase y acomode las cosas."
Y así, con su puta diplomacia, me rompió el corazón.
lunes, 13 de junio de 2011
Veintiseis.
Después de unas cuántas idas y vueltas, decidieron sentarse a hablar a los piés de la fuente que reina en el centro del parque.
Al principio, discutieron bastante sobre las distintas posturas que cada uno tenía, pero el eje central era el mismo: Eran dos personas con el corazón destrozado, dos que habían sido engañados por el amor. O mejor dicho, dos desengañados.
A decir verdad, hacían linda pareja juntos, pero lo que los unía realmente era esa sensación de haber dejado el corazón por alguna parte, la cual ninguno de los dos recordaba. A ella por momentos, se le piantaba algún que otro lagrimón. El la abrazaba cuando eso pasaba, pero siempre manteniendo una distancia.
Conversaron durante una hora creo. Tuve que irme, asique después no sé que habrá pasado, pero para mí con eso alcanzaba.
Al principio, discutieron bastante sobre las distintas posturas que cada uno tenía, pero el eje central era el mismo: Eran dos personas con el corazón destrozado, dos que habían sido engañados por el amor. O mejor dicho, dos desengañados.
A decir verdad, hacían linda pareja juntos, pero lo que los unía realmente era esa sensación de haber dejado el corazón por alguna parte, la cual ninguno de los dos recordaba. A ella por momentos, se le piantaba algún que otro lagrimón. El la abrazaba cuando eso pasaba, pero siempre manteniendo una distancia.
Conversaron durante una hora creo. Tuve que irme, asique después no sé que habrá pasado, pero para mí con eso alcanzaba.
Veinticinco.
No era feliz. El nudo que tenía en la boca del estómago, apenas que la dejaba respirar. Cuando la encontré en Acoyte y Rivadavia, no sabía por dónde empezar para poder serle útil. Y así fue: No le fui útil en lo más mínimo. Lo único que me comentó fue acerca de un viaje que tenía en mente, pero para más adelante, según decía.
Parece que "más adelante" llegó bastante rápido. No volví a verla nunca más.
Parece que "más adelante" llegó bastante rápido. No volví a verla nunca más.
Veinticuatro.
No vamos a dar el brazo a torcer, aparentemente. Ni vos ni yo estamos dispuestos a ceder ni un centímetro. Seguimos tirando de la soga que, cada minuto que pasa, parece estar más cerca de cortarse. Ni yo voy a cambiar de parecer, ni vos vas a reconocerme nada. Y así seguimos. Pasan los minutos, las horas y, hasta me animaría a decir, los días. Parece que esta espera va a ser larga. Apuesto a que nisiquiera se te cruza por la mente comunicarte conmigo, mientras yo no paro de pensar en el momento en que te dignes a hacerlo. Pero no vamos a dar el brazo a torcer, aparentemente.
Veintitres.
Y el mocoso me miraba desde su medio metro de altura. Me miraba a los ojos, fijamente, mientras hacía unos cuántos ruidos extraños que -creo yo- simulaban ser algunas palabras inentendibles. No paraba de mirarme, no paraba de intentar decirme algo. Él intentaba, pero yo no pude entender.
Al instante vino el colectivo. Terminé de pagar, el colectivo arrancó y no lo ví nunca más.
Es el día de hoy que sigo pensando qué me habrá querido decir...
Al instante vino el colectivo. Terminé de pagar, el colectivo arrancó y no lo ví nunca más.
Es el día de hoy que sigo pensando qué me habrá querido decir...
domingo, 30 de enero de 2011
Veintidos.
- Ella sonreía de una forma tan especial. ¿Vos cómo sonreís?
- Mirá, nunca me fijé eso, pero mi mamá siempre dice que se me hace un hoyuelo del lado... derecho creo. No sé, siempre me confundo la derecha con la izquierda. ¿Vos te confundís la izquierda con la derecha?
- Si, suele pasarme. Igual, es un error común en las personas.
- Las personas están llenas de errores, me incluyo.
- ¿Vos qué errores tenés?
- Me considero una persona soliltaria, exigente, soñadora...
- Soñar no es un defecto.
- Para mí sí lo es.
- No es más que una capacidad de las personas de ver más allá de lo abstracto, más allá del acá y del ahora.
- Muy lindo lo que decís, en cierta forma puede ser verdad, aunque muchas veces juegue en contra. Tenés lenguaje de escritor, ¿a qué te dedicás?
- Soy médico forense.
- Analizar muertos, ver huesos, sentir sangre... Mmmm... qué asco.
- Eso es lo que hace tan especial mi trabajo. Sin embargo, y cambiando un poco de tema, pareciera que vos tuvieras voz de cantante... Suave pero imperativa, pareciera que sos de las que dan órdenes de una manera casi constante.
- ¿Yo? ¿cantante? Por favor...
- ¿Te dije alguna vez que con el simple hecho de conocer la voz de alguien puedo saber cómo es?
- ¿Ah, si? Y ¿Como soy yo, entonces?
- Fría, distante. No te gusta involucrarte, te mantenés bastante alejada de las cosas.
- Hay momentos en los que es necesario tomar distancia de ciertas cosas.
- En cambio ella no, ella se aferraba a lo que quería, a lo que sentía que valía la pena. Tenía una voz admirable, así como de fumadora, rasposa y grave. Y eso que no fumaba! Pero, ¿sabés qué fue lo peor? Que con esa misma voz que yo tanto admiraba, ella una noche me dijo "No te quiero más" y se sonreía mientras lo decía...
- ¿Un consejo? Levantate temprano y cuando estés en el baño, lavate los dientes con pasta dental de frutilla, de esa que usabas cuando eras chiquito. Te levanta el ánimo, o por lo menos a mí. Además, después, con el tiempo, se te vuelve vicio. Pero no es un vicio malo, todo lo contrario, te ayuda a los dientes.
(Ruido en la línea)
- Bueno, se está por cortar, un gusto.
- Igualmente...
(Se corta la comunicación)
- Mirá, nunca me fijé eso, pero mi mamá siempre dice que se me hace un hoyuelo del lado... derecho creo. No sé, siempre me confundo la derecha con la izquierda. ¿Vos te confundís la izquierda con la derecha?
- Si, suele pasarme. Igual, es un error común en las personas.
- Las personas están llenas de errores, me incluyo.
- ¿Vos qué errores tenés?
- Me considero una persona soliltaria, exigente, soñadora...
- Soñar no es un defecto.
- Para mí sí lo es.
- No es más que una capacidad de las personas de ver más allá de lo abstracto, más allá del acá y del ahora.
- Muy lindo lo que decís, en cierta forma puede ser verdad, aunque muchas veces juegue en contra. Tenés lenguaje de escritor, ¿a qué te dedicás?
- Soy médico forense.
- Analizar muertos, ver huesos, sentir sangre... Mmmm... qué asco.
- Eso es lo que hace tan especial mi trabajo. Sin embargo, y cambiando un poco de tema, pareciera que vos tuvieras voz de cantante... Suave pero imperativa, pareciera que sos de las que dan órdenes de una manera casi constante.
- ¿Yo? ¿cantante? Por favor...
- ¿Te dije alguna vez que con el simple hecho de conocer la voz de alguien puedo saber cómo es?
- ¿Ah, si? Y ¿Como soy yo, entonces?
- Fría, distante. No te gusta involucrarte, te mantenés bastante alejada de las cosas.
- Hay momentos en los que es necesario tomar distancia de ciertas cosas.
- En cambio ella no, ella se aferraba a lo que quería, a lo que sentía que valía la pena. Tenía una voz admirable, así como de fumadora, rasposa y grave. Y eso que no fumaba! Pero, ¿sabés qué fue lo peor? Que con esa misma voz que yo tanto admiraba, ella una noche me dijo "No te quiero más" y se sonreía mientras lo decía...
- ¿Un consejo? Levantate temprano y cuando estés en el baño, lavate los dientes con pasta dental de frutilla, de esa que usabas cuando eras chiquito. Te levanta el ánimo, o por lo menos a mí. Además, después, con el tiempo, se te vuelve vicio. Pero no es un vicio malo, todo lo contrario, te ayuda a los dientes.
(Ruido en la línea)
- Bueno, se está por cortar, un gusto.
- Igualmente...
(Se corta la comunicación)
sábado, 15 de enero de 2011
Diecisiete.
Nunca había visto la muerte tan de cerca, solamente había oído hablar sobre ella. No pensé que fuese tan repentina, tan fría. En pocos días va a hacer un mes de tu partida y todavía no logro olvidar el último cumpleaños que pasamos juntos, estabas tan íntegro y radiante que seguramente sea por eso por lo cual no quiero olvidarte. No quiero dejar ir esa imagen. Pero sí quiero dejar ir la última imagen tuya que tuve: Estabas frío y con los ojos cerrados. Ya no podías decirme nada, y yo ya no podía hacer más que extrañarte.
Simplemente vino y te llevó, y así se llevó gran parte de lo que fui alguna vez.
Simplemente vino y te llevó, y así se llevó gran parte de lo que fui alguna vez.
Dieciseis.
Cuando el nudo en la garganta ya se te hace inmenso y la cabeza no para de pensar, no te queda otra que cerrar los ojos, escuchar una linda canción y dejarte llevar. Y en una de esas, llorar.
domingo, 15 de agosto de 2010
Trece
Seguía sin hablar, y eso era por demás preocupante. Había pasado horas sin hablar y ahora no emitía nisiquiera el sonido de su respiración. Y como no me destaco por ser muy amiga del silencio, fui al grano y le pregunté que era lo que le pasaba.
Y ahí empezó a hablar, a duras penas, pero empezó a hablar. Me contó de su madre, de ella y de la relación entre ambas. Me contó lo que la madre le obligaba a hacer, consecuencia de la falta de dinero y de la necesidad.
Pero, entre lágrimas que se escapaban de manera muy rebelde y suspiros bastante fuertes, terminó diciéndome: "Con el tiempo me acostumbré, porque todo en la vida es cuestión de costumbre"
Y ahí empezó a hablar, a duras penas, pero empezó a hablar. Me contó de su madre, de ella y de la relación entre ambas. Me contó lo que la madre le obligaba a hacer, consecuencia de la falta de dinero y de la necesidad.
Pero, entre lágrimas que se escapaban de manera muy rebelde y suspiros bastante fuertes, terminó diciéndome: "Con el tiempo me acostumbré, porque todo en la vida es cuestión de costumbre"
Doce
La noche estaba completamente oscura, no había ni un solo rastro de luz a lo largo de toda la habitación. Hacía frío, mucho frío, el mes de julio siempre se destacó por eso.
No sé que hacía yo despierta a esa hora, seguro habría tenido alguna de las pesadillas que muy de vez en cuando me visitan. El punto era que estaba despierta observando cada punto de la habitación: La mesa de luz, el velador, el ventilador, la puerta cerrada, la ventana contra la cual el viento golpeaba de la manera más fuerte que podía. Y ahí lo vi, estaba acostado al lado mío, durmiendo como su fuese un niño, totalmente desprotejido y sin una gota de maldad en su interior. Y comencé a imaginármelo en el trabajo, en la facultad, caminando por las calles de Buenos Aires, haciendo el mismo recorrido que hace siempre: Se toma el 166, se baja en la parada y camina por Santa Fe hasta llegar al departamento. Y seguí imaginándomelo en diferentes situaciones, siempre tan inocente, tan puro.
Hasta que abrió los ojos y me miró. Si bien no había ni un poco de luz en toda la habitación, pude darme cuenta de que me estaba mirando, sé que su mirada tiene una luz especial. Me doy cuenta cuándo me mira y de la forma en la que me mira, puedo sentirlo.
Y mientras yo sabía que él me miraba y yo, sin saberlo, lo miraba, fue cuando me enamoré profundamente.
No sé que hacía yo despierta a esa hora, seguro habría tenido alguna de las pesadillas que muy de vez en cuando me visitan. El punto era que estaba despierta observando cada punto de la habitación: La mesa de luz, el velador, el ventilador, la puerta cerrada, la ventana contra la cual el viento golpeaba de la manera más fuerte que podía. Y ahí lo vi, estaba acostado al lado mío, durmiendo como su fuese un niño, totalmente desprotejido y sin una gota de maldad en su interior. Y comencé a imaginármelo en el trabajo, en la facultad, caminando por las calles de Buenos Aires, haciendo el mismo recorrido que hace siempre: Se toma el 166, se baja en la parada y camina por Santa Fe hasta llegar al departamento. Y seguí imaginándomelo en diferentes situaciones, siempre tan inocente, tan puro.
Hasta que abrió los ojos y me miró. Si bien no había ni un poco de luz en toda la habitación, pude darme cuenta de que me estaba mirando, sé que su mirada tiene una luz especial. Me doy cuenta cuándo me mira y de la forma en la que me mira, puedo sentirlo.
Y mientras yo sabía que él me miraba y yo, sin saberlo, lo miraba, fue cuando me enamoré profundamente.
Once
¿Cómo me di cuenta de eso? Durante una discusión.
Recuerdo, de manera casi exacta, la manera en la que se dieron las cosas. Una noche hicimos una reunión de equipo en un bar de Recoleta, sobre la calle Ayacucho. Como de costumbre, llegué tarde consecuencia de los medios de transporte públicos que tan a mal traer me tienen. El lugar estaba bastante bien ubicado, muy lindo, muy iluminado, pero bastante concheto para mí gusto. Pasaban música electrónica, de esa que después de un rato de escucharla, te parte la cabeza en mil pedacitos.
Pero eso no importaba, lo importante era la reunión que estaba a punto de realizarse. Llegamos e hicimos uso de la reserva que había hecho una de las integrantes: Una mesa bastante amplia, dado que eramos unas diez personas. Durante la cena, hablamos del tema puntual que era el próximo proyecto, las nuevas tapas, las notas y cosas varias.
A ella la escuché varias veces decir la palabra "Puto" a lo largo de la noche, y en cuánto nos pusimos a hablar de temas personales le dije "Callate, si de todos los que estamos sentados acá, la más puta sos vos". Y ahí se calló, no dijo ni una palabra más durante un lapso que, creo, duró aproximadamente quince minutos. Acto seguido, buscó su atado de cigarrillos y salió rumbo a la puerta.
Al ser yo también fumadora, la acompañé. Y ahí fue cuando me di cuenta de todo.
Recuerdo, de manera casi exacta, la manera en la que se dieron las cosas. Una noche hicimos una reunión de equipo en un bar de Recoleta, sobre la calle Ayacucho. Como de costumbre, llegué tarde consecuencia de los medios de transporte públicos que tan a mal traer me tienen. El lugar estaba bastante bien ubicado, muy lindo, muy iluminado, pero bastante concheto para mí gusto. Pasaban música electrónica, de esa que después de un rato de escucharla, te parte la cabeza en mil pedacitos.
Pero eso no importaba, lo importante era la reunión que estaba a punto de realizarse. Llegamos e hicimos uso de la reserva que había hecho una de las integrantes: Una mesa bastante amplia, dado que eramos unas diez personas. Durante la cena, hablamos del tema puntual que era el próximo proyecto, las nuevas tapas, las notas y cosas varias.
A ella la escuché varias veces decir la palabra "Puto" a lo largo de la noche, y en cuánto nos pusimos a hablar de temas personales le dije "Callate, si de todos los que estamos sentados acá, la más puta sos vos". Y ahí se calló, no dijo ni una palabra más durante un lapso que, creo, duró aproximadamente quince minutos. Acto seguido, buscó su atado de cigarrillos y salió rumbo a la puerta.
Al ser yo también fumadora, la acompañé. Y ahí fue cuando me di cuenta de todo.
Diez.
Últimamente estuve pensando mucho acerca del recuerdo. Quizás porque tengo muchos recuerdos, lindos, feos, pero son muchos. Y gracias a esos recuerdos es que hoy puedo mirar para atrás y conseguir rearmar mi historia como ciudadana, como persona.
Ahora me pregunto: ¿Sería posible tener una historia sin recuerdos? ¿Sería posible evitar errores ya cometidos, si no contáramos con esos recuerdos que, en más de una ocasión, funcionan como alertas? ¿Qué sería del ser humano si no recordara? ¿Cómo se haría para vivir cada día un día nuevo, sin antecedente alguno?
Quizás desaparecería la rutina, por el hecho de que no recordaríamos que tal o cual cosa ya la habíamos realizado días anteriores. Quizás desaparecerían los aniversarios, porque no recordaríamos que, justamente, ese día festejábamos algo. Quizás desaparecerían las cosas que alguna vez tanto nos marcaron y tanto nos dolieron, y podríamos vivir una vida sin ataduras, una vida un poco más plena.
Pero a su vez, también quizás desaparecerían los buenos recuerdos. Esos recuerdos de la niñez, esos recuerdos que evitan que cometamos los errores ya cometidos alguna vez. Quizás desaparecerían esas luchas permanentes para poder conseguir algo, consecuencia de no recordar qué era por lo que estábamos luchando.
Creo que, poniendo todo en una balanza, el recuerdo es una de las mejores cosas que tiene el ser humano. Esa capacidad de poder "Recordar" es la que pone en funcionamiento la memoria. Y sin memoria no hay historia. Entonces, mi pensamiento inductivo me lleva a pensar que: Sin recuerdo no hay memoria, y sin memoria no hay historia.
Puede ser que en la vida, nos crucemos con mucha gente que no tenga memoria, con mucha gente que no recuerde que hizo tal o cual cosa, y vuelva a realizarla, consecuencia de que, para el ser humano, si algo no está en su memoria, es porque realmente no existió.
Hoy en día, la memoria está bastante devaluada. Creo que es hora de darle un giro a todo esto y comenzar a recordar, comenzar a rearmar la historia de cada uno de nosotros.
Es por eso que, a lo largo de este blog, plasmo todos los recuerdos que me encuentro por ahí. Algunos recuerdos son pura y exclusivamente míos, otros son recuerdos de otros que me recuerdan a mí, y otros son recuerdos pura y exclusivamente ajenos.
Quiero poder armar en mí una historia casi mundial. Y todo, todo esto, con la ayuda de los recuerdos.
Ahora me pregunto: ¿Sería posible tener una historia sin recuerdos? ¿Sería posible evitar errores ya cometidos, si no contáramos con esos recuerdos que, en más de una ocasión, funcionan como alertas? ¿Qué sería del ser humano si no recordara? ¿Cómo se haría para vivir cada día un día nuevo, sin antecedente alguno?
Quizás desaparecería la rutina, por el hecho de que no recordaríamos que tal o cual cosa ya la habíamos realizado días anteriores. Quizás desaparecerían los aniversarios, porque no recordaríamos que, justamente, ese día festejábamos algo. Quizás desaparecerían las cosas que alguna vez tanto nos marcaron y tanto nos dolieron, y podríamos vivir una vida sin ataduras, una vida un poco más plena.
Pero a su vez, también quizás desaparecerían los buenos recuerdos. Esos recuerdos de la niñez, esos recuerdos que evitan que cometamos los errores ya cometidos alguna vez. Quizás desaparecerían esas luchas permanentes para poder conseguir algo, consecuencia de no recordar qué era por lo que estábamos luchando.
Creo que, poniendo todo en una balanza, el recuerdo es una de las mejores cosas que tiene el ser humano. Esa capacidad de poder "Recordar" es la que pone en funcionamiento la memoria. Y sin memoria no hay historia. Entonces, mi pensamiento inductivo me lleva a pensar que: Sin recuerdo no hay memoria, y sin memoria no hay historia.
Puede ser que en la vida, nos crucemos con mucha gente que no tenga memoria, con mucha gente que no recuerde que hizo tal o cual cosa, y vuelva a realizarla, consecuencia de que, para el ser humano, si algo no está en su memoria, es porque realmente no existió.
Hoy en día, la memoria está bastante devaluada. Creo que es hora de darle un giro a todo esto y comenzar a recordar, comenzar a rearmar la historia de cada uno de nosotros.
Es por eso que, a lo largo de este blog, plasmo todos los recuerdos que me encuentro por ahí. Algunos recuerdos son pura y exclusivamente míos, otros son recuerdos de otros que me recuerdan a mí, y otros son recuerdos pura y exclusivamente ajenos.
Quiero poder armar en mí una historia casi mundial. Y todo, todo esto, con la ayuda de los recuerdos.
viernes, 23 de julio de 2010
Ocho.
Otra de las que yo denomino "Patologías del alma" es el vacío. Podés estar rodeada de gente, podés estar metida en el tumulto más grande del mundo, pero sentís un hueco adentro. Ese hueco a veces se confunde con la culpa, o con el dolor, pero no es más que el vacío. Es como una falta que parece imposible llenar porque, de hecho y aunque lo intentes, no se llena con nada: Ni con música, ni con gente, ni con plata, ni con cosas. Simplemente no se llena, y se va agrandando con el pasar del tiempo si no encontrás esa parte justa que simula poder llenar ese hueco.
Igual llegué a una -horrible- conclusión: Durante el tiempo que estés buscando la manera justa de llenar el hueco o de solucionar el problema del vacío, es el punto justo en el cual se tocan el vacío con los dolores del alma.
Lo difícil de todo esto, es superar esos lapsos.
Igual llegué a una -horrible- conclusión: Durante el tiempo que estés buscando la manera justa de llenar el hueco o de solucionar el problema del vacío, es el punto justo en el cual se tocan el vacío con los dolores del alma.
Lo difícil de todo esto, es superar esos lapsos.
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