miércoles, 23 de noviembre de 2011

Veintinueve.

Me contó que le hacía temblar desde las pestañas hasta la punta de los pies. Que hacía ricos mates y que podría mirarlo un día entero sin cansarse. Que jugaban a ver quién se reía más fuerte, a ver quién hacía el chiste más malo.

Hasta que un día, ella lo acompañó hasta la parada del 109, ahí en Corrientes y Angel Gallardo. El pibe desapareció, nadie sabe bien que pasó ni por qué se borro. Malas lenguas hay por todos lados, pero esta muchacha, hoy puñado de huesos y pocas ganas, prefiere pensar que algún día va a volver. Ella todavía lo espera, todos los lunes, en el mismo lugar y a la misma hora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario