Siempre supe que la gente es provisoria, temporal. Pero resulta que no sé si estaba preparada para perderle el rastro. Con tantos mates y tantos puchos de por medio, me dolió perderle el rastro. Pero, con el tiempo, será alguien más que se suma a la lista de quienes pasaron sin pena ni gloria, y así se fueron. No es nada del otro mundo, he pasado dolores peores.
De hecho -me tomo el atrevimiento de tomar algo prestado de un gran escritor-, con tantas personas perdidas, llorar por cosas como esta, sería como faltarle el respeto al dolor. Aunque el muy canalla, más de una vez ha sido el encargado de faltarme el respeto.
Fue lo de siempre, digamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario