- Ella sonreía de una forma tan especial. ¿Vos cómo sonreís?
- Mirá, nunca me fijé eso, pero mi mamá siempre dice que se me hace un hoyuelo del lado... derecho creo. No sé, siempre me confundo la derecha con la izquierda. ¿Vos te confundís la izquierda con la derecha?
- Si, suele pasarme. Igual, es un error común en las personas.
- Las personas están llenas de errores, me incluyo.
- ¿Vos qué errores tenés?
- Me considero una persona soliltaria, exigente, soñadora...
- Soñar no es un defecto.
- Para mí sí lo es.
- No es más que una capacidad de las personas de ver más allá de lo abstracto, más allá del acá y del ahora.
- Muy lindo lo que decís, en cierta forma puede ser verdad, aunque muchas veces juegue en contra. Tenés lenguaje de escritor, ¿a qué te dedicás?
- Soy médico forense.
- Analizar muertos, ver huesos, sentir sangre... Mmmm... qué asco.
- Eso es lo que hace tan especial mi trabajo. Sin embargo, y cambiando un poco de tema, pareciera que vos tuvieras voz de cantante... Suave pero imperativa, pareciera que sos de las que dan órdenes de una manera casi constante.
- ¿Yo? ¿cantante? Por favor...
- ¿Te dije alguna vez que con el simple hecho de conocer la voz de alguien puedo saber cómo es?
- ¿Ah, si? Y ¿Como soy yo, entonces?
- Fría, distante. No te gusta involucrarte, te mantenés bastante alejada de las cosas.
- Hay momentos en los que es necesario tomar distancia de ciertas cosas.
- En cambio ella no, ella se aferraba a lo que quería, a lo que sentía que valía la pena. Tenía una voz admirable, así como de fumadora, rasposa y grave. Y eso que no fumaba! Pero, ¿sabés qué fue lo peor? Que con esa misma voz que yo tanto admiraba, ella una noche me dijo "No te quiero más" y se sonreía mientras lo decía...
- ¿Un consejo? Levantate temprano y cuando estés en el baño, lavate los dientes con pasta dental de frutilla, de esa que usabas cuando eras chiquito. Te levanta el ánimo, o por lo menos a mí. Además, después, con el tiempo, se te vuelve vicio. Pero no es un vicio malo, todo lo contrario, te ayuda a los dientes.
(Ruido en la línea)
- Bueno, se está por cortar, un gusto.
- Igualmente...
(Se corta la comunicación)
domingo, 30 de enero de 2011
sábado, 15 de enero de 2011
Diecisiete.
Nunca había visto la muerte tan de cerca, solamente había oído hablar sobre ella. No pensé que fuese tan repentina, tan fría. En pocos días va a hacer un mes de tu partida y todavía no logro olvidar el último cumpleaños que pasamos juntos, estabas tan íntegro y radiante que seguramente sea por eso por lo cual no quiero olvidarte. No quiero dejar ir esa imagen. Pero sí quiero dejar ir la última imagen tuya que tuve: Estabas frío y con los ojos cerrados. Ya no podías decirme nada, y yo ya no podía hacer más que extrañarte.
Simplemente vino y te llevó, y así se llevó gran parte de lo que fui alguna vez.
Simplemente vino y te llevó, y así se llevó gran parte de lo que fui alguna vez.
Dieciseis.
Cuando el nudo en la garganta ya se te hace inmenso y la cabeza no para de pensar, no te queda otra que cerrar los ojos, escuchar una linda canción y dejarte llevar. Y en una de esas, llorar.
domingo, 15 de agosto de 2010
Trece
Seguía sin hablar, y eso era por demás preocupante. Había pasado horas sin hablar y ahora no emitía nisiquiera el sonido de su respiración. Y como no me destaco por ser muy amiga del silencio, fui al grano y le pregunté que era lo que le pasaba.
Y ahí empezó a hablar, a duras penas, pero empezó a hablar. Me contó de su madre, de ella y de la relación entre ambas. Me contó lo que la madre le obligaba a hacer, consecuencia de la falta de dinero y de la necesidad.
Pero, entre lágrimas que se escapaban de manera muy rebelde y suspiros bastante fuertes, terminó diciéndome: "Con el tiempo me acostumbré, porque todo en la vida es cuestión de costumbre"
Y ahí empezó a hablar, a duras penas, pero empezó a hablar. Me contó de su madre, de ella y de la relación entre ambas. Me contó lo que la madre le obligaba a hacer, consecuencia de la falta de dinero y de la necesidad.
Pero, entre lágrimas que se escapaban de manera muy rebelde y suspiros bastante fuertes, terminó diciéndome: "Con el tiempo me acostumbré, porque todo en la vida es cuestión de costumbre"
Doce
La noche estaba completamente oscura, no había ni un solo rastro de luz a lo largo de toda la habitación. Hacía frío, mucho frío, el mes de julio siempre se destacó por eso.
No sé que hacía yo despierta a esa hora, seguro habría tenido alguna de las pesadillas que muy de vez en cuando me visitan. El punto era que estaba despierta observando cada punto de la habitación: La mesa de luz, el velador, el ventilador, la puerta cerrada, la ventana contra la cual el viento golpeaba de la manera más fuerte que podía. Y ahí lo vi, estaba acostado al lado mío, durmiendo como su fuese un niño, totalmente desprotejido y sin una gota de maldad en su interior. Y comencé a imaginármelo en el trabajo, en la facultad, caminando por las calles de Buenos Aires, haciendo el mismo recorrido que hace siempre: Se toma el 166, se baja en la parada y camina por Santa Fe hasta llegar al departamento. Y seguí imaginándomelo en diferentes situaciones, siempre tan inocente, tan puro.
Hasta que abrió los ojos y me miró. Si bien no había ni un poco de luz en toda la habitación, pude darme cuenta de que me estaba mirando, sé que su mirada tiene una luz especial. Me doy cuenta cuándo me mira y de la forma en la que me mira, puedo sentirlo.
Y mientras yo sabía que él me miraba y yo, sin saberlo, lo miraba, fue cuando me enamoré profundamente.
No sé que hacía yo despierta a esa hora, seguro habría tenido alguna de las pesadillas que muy de vez en cuando me visitan. El punto era que estaba despierta observando cada punto de la habitación: La mesa de luz, el velador, el ventilador, la puerta cerrada, la ventana contra la cual el viento golpeaba de la manera más fuerte que podía. Y ahí lo vi, estaba acostado al lado mío, durmiendo como su fuese un niño, totalmente desprotejido y sin una gota de maldad en su interior. Y comencé a imaginármelo en el trabajo, en la facultad, caminando por las calles de Buenos Aires, haciendo el mismo recorrido que hace siempre: Se toma el 166, se baja en la parada y camina por Santa Fe hasta llegar al departamento. Y seguí imaginándomelo en diferentes situaciones, siempre tan inocente, tan puro.
Hasta que abrió los ojos y me miró. Si bien no había ni un poco de luz en toda la habitación, pude darme cuenta de que me estaba mirando, sé que su mirada tiene una luz especial. Me doy cuenta cuándo me mira y de la forma en la que me mira, puedo sentirlo.
Y mientras yo sabía que él me miraba y yo, sin saberlo, lo miraba, fue cuando me enamoré profundamente.
Once
¿Cómo me di cuenta de eso? Durante una discusión.
Recuerdo, de manera casi exacta, la manera en la que se dieron las cosas. Una noche hicimos una reunión de equipo en un bar de Recoleta, sobre la calle Ayacucho. Como de costumbre, llegué tarde consecuencia de los medios de transporte públicos que tan a mal traer me tienen. El lugar estaba bastante bien ubicado, muy lindo, muy iluminado, pero bastante concheto para mí gusto. Pasaban música electrónica, de esa que después de un rato de escucharla, te parte la cabeza en mil pedacitos.
Pero eso no importaba, lo importante era la reunión que estaba a punto de realizarse. Llegamos e hicimos uso de la reserva que había hecho una de las integrantes: Una mesa bastante amplia, dado que eramos unas diez personas. Durante la cena, hablamos del tema puntual que era el próximo proyecto, las nuevas tapas, las notas y cosas varias.
A ella la escuché varias veces decir la palabra "Puto" a lo largo de la noche, y en cuánto nos pusimos a hablar de temas personales le dije "Callate, si de todos los que estamos sentados acá, la más puta sos vos". Y ahí se calló, no dijo ni una palabra más durante un lapso que, creo, duró aproximadamente quince minutos. Acto seguido, buscó su atado de cigarrillos y salió rumbo a la puerta.
Al ser yo también fumadora, la acompañé. Y ahí fue cuando me di cuenta de todo.
Recuerdo, de manera casi exacta, la manera en la que se dieron las cosas. Una noche hicimos una reunión de equipo en un bar de Recoleta, sobre la calle Ayacucho. Como de costumbre, llegué tarde consecuencia de los medios de transporte públicos que tan a mal traer me tienen. El lugar estaba bastante bien ubicado, muy lindo, muy iluminado, pero bastante concheto para mí gusto. Pasaban música electrónica, de esa que después de un rato de escucharla, te parte la cabeza en mil pedacitos.
Pero eso no importaba, lo importante era la reunión que estaba a punto de realizarse. Llegamos e hicimos uso de la reserva que había hecho una de las integrantes: Una mesa bastante amplia, dado que eramos unas diez personas. Durante la cena, hablamos del tema puntual que era el próximo proyecto, las nuevas tapas, las notas y cosas varias.
A ella la escuché varias veces decir la palabra "Puto" a lo largo de la noche, y en cuánto nos pusimos a hablar de temas personales le dije "Callate, si de todos los que estamos sentados acá, la más puta sos vos". Y ahí se calló, no dijo ni una palabra más durante un lapso que, creo, duró aproximadamente quince minutos. Acto seguido, buscó su atado de cigarrillos y salió rumbo a la puerta.
Al ser yo también fumadora, la acompañé. Y ahí fue cuando me di cuenta de todo.
Diez.
Últimamente estuve pensando mucho acerca del recuerdo. Quizás porque tengo muchos recuerdos, lindos, feos, pero son muchos. Y gracias a esos recuerdos es que hoy puedo mirar para atrás y conseguir rearmar mi historia como ciudadana, como persona.
Ahora me pregunto: ¿Sería posible tener una historia sin recuerdos? ¿Sería posible evitar errores ya cometidos, si no contáramos con esos recuerdos que, en más de una ocasión, funcionan como alertas? ¿Qué sería del ser humano si no recordara? ¿Cómo se haría para vivir cada día un día nuevo, sin antecedente alguno?
Quizás desaparecería la rutina, por el hecho de que no recordaríamos que tal o cual cosa ya la habíamos realizado días anteriores. Quizás desaparecerían los aniversarios, porque no recordaríamos que, justamente, ese día festejábamos algo. Quizás desaparecerían las cosas que alguna vez tanto nos marcaron y tanto nos dolieron, y podríamos vivir una vida sin ataduras, una vida un poco más plena.
Pero a su vez, también quizás desaparecerían los buenos recuerdos. Esos recuerdos de la niñez, esos recuerdos que evitan que cometamos los errores ya cometidos alguna vez. Quizás desaparecerían esas luchas permanentes para poder conseguir algo, consecuencia de no recordar qué era por lo que estábamos luchando.
Creo que, poniendo todo en una balanza, el recuerdo es una de las mejores cosas que tiene el ser humano. Esa capacidad de poder "Recordar" es la que pone en funcionamiento la memoria. Y sin memoria no hay historia. Entonces, mi pensamiento inductivo me lleva a pensar que: Sin recuerdo no hay memoria, y sin memoria no hay historia.
Puede ser que en la vida, nos crucemos con mucha gente que no tenga memoria, con mucha gente que no recuerde que hizo tal o cual cosa, y vuelva a realizarla, consecuencia de que, para el ser humano, si algo no está en su memoria, es porque realmente no existió.
Hoy en día, la memoria está bastante devaluada. Creo que es hora de darle un giro a todo esto y comenzar a recordar, comenzar a rearmar la historia de cada uno de nosotros.
Es por eso que, a lo largo de este blog, plasmo todos los recuerdos que me encuentro por ahí. Algunos recuerdos son pura y exclusivamente míos, otros son recuerdos de otros que me recuerdan a mí, y otros son recuerdos pura y exclusivamente ajenos.
Quiero poder armar en mí una historia casi mundial. Y todo, todo esto, con la ayuda de los recuerdos.
Ahora me pregunto: ¿Sería posible tener una historia sin recuerdos? ¿Sería posible evitar errores ya cometidos, si no contáramos con esos recuerdos que, en más de una ocasión, funcionan como alertas? ¿Qué sería del ser humano si no recordara? ¿Cómo se haría para vivir cada día un día nuevo, sin antecedente alguno?
Quizás desaparecería la rutina, por el hecho de que no recordaríamos que tal o cual cosa ya la habíamos realizado días anteriores. Quizás desaparecerían los aniversarios, porque no recordaríamos que, justamente, ese día festejábamos algo. Quizás desaparecerían las cosas que alguna vez tanto nos marcaron y tanto nos dolieron, y podríamos vivir una vida sin ataduras, una vida un poco más plena.
Pero a su vez, también quizás desaparecerían los buenos recuerdos. Esos recuerdos de la niñez, esos recuerdos que evitan que cometamos los errores ya cometidos alguna vez. Quizás desaparecerían esas luchas permanentes para poder conseguir algo, consecuencia de no recordar qué era por lo que estábamos luchando.
Creo que, poniendo todo en una balanza, el recuerdo es una de las mejores cosas que tiene el ser humano. Esa capacidad de poder "Recordar" es la que pone en funcionamiento la memoria. Y sin memoria no hay historia. Entonces, mi pensamiento inductivo me lleva a pensar que: Sin recuerdo no hay memoria, y sin memoria no hay historia.
Puede ser que en la vida, nos crucemos con mucha gente que no tenga memoria, con mucha gente que no recuerde que hizo tal o cual cosa, y vuelva a realizarla, consecuencia de que, para el ser humano, si algo no está en su memoria, es porque realmente no existió.
Hoy en día, la memoria está bastante devaluada. Creo que es hora de darle un giro a todo esto y comenzar a recordar, comenzar a rearmar la historia de cada uno de nosotros.
Es por eso que, a lo largo de este blog, plasmo todos los recuerdos que me encuentro por ahí. Algunos recuerdos son pura y exclusivamente míos, otros son recuerdos de otros que me recuerdan a mí, y otros son recuerdos pura y exclusivamente ajenos.
Quiero poder armar en mí una historia casi mundial. Y todo, todo esto, con la ayuda de los recuerdos.
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