"Y, ¿desde cuándo dejamos de dar consejos para empezar a dar "Tips"? ¿Desde cuándo dejamos de pegar calcomanías para empezar a pegar stickers? A eso es a lo que yo apunto. El otro día llamaron a un amigo para participar de un concurso. Él es diseñador y la temática era "Somos Latinos". Frente a eso yo pensaba ir con la idea de decir "No somos para nada Latinos", porque ese es un término que nos pusieron los anglosajones, como los anteriormente descriptos. Porque, claro, ellos son americanos y nosotros latinos. ¿Por qué no son ellos los anglosajones y nosotros los americanos? No se puede permitir esta clase de robos, o de imposiciones de parte de los de 'más arriba', porque así es como empiezan a perderse las cosas. Por ejemplo: Vos trabajás en un Mc Donald's limpiando baños, para darle de comer a toda tu familia. Y un día, vas a llegar más contento de costumbre al grito de 'Me ascendieron de Limpiador Junior a Limpiador Senior'. Claro, eso suena mucho más lindo que decir 'Ahora puedo limpiar los baños con guantes'. Así como suena mucho más lindo el hecho de decir 'Bueno, ahora en esta oficina vos vas a trabajar en ese box', en vez de decir 'Vos, de ahora en más, vas a trabajar en esa caja'. Así es como trabajan todos en las oficinas, encajados."
Ese tipo fue mucho más que un profesor de literatura. Gracias a él conocí nuevos autores. Gracias a él pude hacer análisis mucho más exhaustivos, y como si eso no fuera suficiente, también me enseñó a mirar el mundo desde otro lado.
Mejor hablar de ciertas cosas
miércoles, 12 de marzo de 2014
Treinta y tres.
A ella le encantaba ponerlo nervioso. Él se comportaba como una criatura, se ponía colorado y no sabía que contestar. Tartamudeaba, le transpiraban las manos y fumaba como si no hubiera un mañana. Y ella se divertía con eso.
- ¿Algún día nos sentaremos a hablar de todo lo innombrable?
- No se, es como que ya no pienso más. No tiene sentido nada de lo que digamos, es en vano. Los dos lo sabemos. Entonces prefiero hacerte caso a lo que dijiste aquella vez, y que sea como sea y que dure lo que tenga que durar.
- Ah, mirá que bien. Bueno, algún día te voy a sentar en una silla y te voy a ametrallar a preguntas. No sé cuando, pero que lo voy a hacer, lo voy a hacer.
- No nos pongamos serios, es muy temprano y tengo sueño.
- No me quiero llevar ciertas dudas a la tumba.
- Si vos me preguntás alguna vez, yo haré lo mismo.
- Está bien, será mutuo entonces.
- No estoy del todo seguro si será bueno o malo, o si estará bien o mal... Pero nunca hicimos nada bien, asi que todo puede ser.
- Por eso te digo: Con vos es ensayo y error. Más error que ensayo, me animaría a decir.
- Desde el día en que nos fuimos juntos del bar, y terminamos hablando toda la noche a los pies de un edificio, hace como dos años atrás, que empezaron nuestros errores. Aunque hay que admitir que tuvimos momentos muy lindos... Todo no se puede. Mirá cómo te tiro la historia, me acuerdo de todo.
- No te podés acordar de todo. Me vas a matar un día de estos. ¿Ves? Esto va a ser una cosa que algún día me vas a tener que contestar.
- ¿Qué cosa?
- ¿Te acordás todo de todas tus chicas? Si o no. Nada de excusas.
- La respuesta es ni. Tengo buena memoria, pero digamos que me acuerdo más cuando es alguien importante para mi, o es algo que esperaba mucho. Por ejemplo, me acuerdo que tenías una camperita con capucha gris, con la que te tapabas cada vez que te ponías mal y no querías que te abrazara, estábamos frente a la parada de los bondis, sentados en el escalón de un negocio... No me acuerdo cosas así de toda mi vida, se entiende?
- Sí. Bueno, las preguntas siguen, pero me asusta que sepas todo, asi que mejor me callo. No sé...
- Qué cosa no sabes?
- Te haría un interrogatorio interminable pero... Y si me das todas respuestas como esas y yo soy la que se queda sin preguntas? Entonces no sé qué hacer.
- No, ya fue, dale. ¿Para qué preguntar tanto? ¿Querés saber si me acuerdo otras cosas?
- No. Quiero que me expliques porqué te acordas tantas cosas que tienen que ver conmigo.
- No me hagas responder. Estamos entrando en un lugar complicado y no tiene motivo.
- ¿Por qué complicado? Pensá que, de última, tengo terapia en una hora. Asi que, cualquier cosa que desarregle o desarregles, podré arreglarla en el consultorio de mi terapeuta.
- Porque sí. No estoy cómodo. ¿Lo podemos dejar acá?
- ¿No me contestás porque no estás cómodo? ¿Ese es tu motivo?
- Ya te dije que me acuerdo muchas cosas, pero de las personas importantes más. Y te describo un instante de hace dos años como si fuera ayer. ¿No es obvia la respuesta a tu pregunta?
- No. Pero bueno, no estás cómodo, salgamos de acá.
- Sos importante para mí. Ya sé que fueron meses de ir y venir, después un mes bien, un mes mal... Pero de una u otra forma me gusta. Sino no estaríamos hablando ahora, ¿no? En muy poco tiempo, me pasaron cosas grosas con vos. Estuve con mujeres más tiempo garchando, y no me acuerdo tantas cosas... Ya sé que estás contenta por las respuestas que te estoy dando, por lo que te digo. No entiendo porqué. Pero no me siento cómodo, ya sabés como soy.
- Algún día vos y yo nos vamos a sentar a charlar con más tiempo. Va a haber cosas que me van a gustar y cosas que no, al igual que te pasará a vos. Pero lo creo necesario.
- No me gusta hablar de lo que me pasa o pasó. Prefiero cagarme a piñas. Sabés que soy un cavernario, ¿por qué me hacés esto?
- Porque te conozco y sé que puedo hacer que me hables.
- No sé para qué querés hablar, con qué objeto? Si nada va a cambiar.
- ¿Estás dolido?
- No, no sé, qué se yo. ¿Podemos salir de acá? La puta madre...
- Está bien. Pero vos y yo algún día vamos a hacer tres litros de mate, vamos a llenar varios ceniceros y vamos a hablar. Te quiero.
- Yo también.
A partir de ese día, no lo puso nervioso nunca más. Se dio cuenta que él se ponía nervioso, pero también entendió que ella le rompió el corazón. Y ahí entendió: Él no estaba nervioso, tenía el corazón roto. Nada más ni nada menos. Ella debía cargar con ese peso. Ahora la nerviosa era ella.
- ¿Algún día nos sentaremos a hablar de todo lo innombrable?
- No se, es como que ya no pienso más. No tiene sentido nada de lo que digamos, es en vano. Los dos lo sabemos. Entonces prefiero hacerte caso a lo que dijiste aquella vez, y que sea como sea y que dure lo que tenga que durar.
- Ah, mirá que bien. Bueno, algún día te voy a sentar en una silla y te voy a ametrallar a preguntas. No sé cuando, pero que lo voy a hacer, lo voy a hacer.
- No nos pongamos serios, es muy temprano y tengo sueño.
- No me quiero llevar ciertas dudas a la tumba.
- Si vos me preguntás alguna vez, yo haré lo mismo.
- Está bien, será mutuo entonces.
- No estoy del todo seguro si será bueno o malo, o si estará bien o mal... Pero nunca hicimos nada bien, asi que todo puede ser.
- Por eso te digo: Con vos es ensayo y error. Más error que ensayo, me animaría a decir.
- Desde el día en que nos fuimos juntos del bar, y terminamos hablando toda la noche a los pies de un edificio, hace como dos años atrás, que empezaron nuestros errores. Aunque hay que admitir que tuvimos momentos muy lindos... Todo no se puede. Mirá cómo te tiro la historia, me acuerdo de todo.
- No te podés acordar de todo. Me vas a matar un día de estos. ¿Ves? Esto va a ser una cosa que algún día me vas a tener que contestar.
- ¿Qué cosa?
- ¿Te acordás todo de todas tus chicas? Si o no. Nada de excusas.
- La respuesta es ni. Tengo buena memoria, pero digamos que me acuerdo más cuando es alguien importante para mi, o es algo que esperaba mucho. Por ejemplo, me acuerdo que tenías una camperita con capucha gris, con la que te tapabas cada vez que te ponías mal y no querías que te abrazara, estábamos frente a la parada de los bondis, sentados en el escalón de un negocio... No me acuerdo cosas así de toda mi vida, se entiende?
- Sí. Bueno, las preguntas siguen, pero me asusta que sepas todo, asi que mejor me callo. No sé...
- Qué cosa no sabes?
- Te haría un interrogatorio interminable pero... Y si me das todas respuestas como esas y yo soy la que se queda sin preguntas? Entonces no sé qué hacer.
- No, ya fue, dale. ¿Para qué preguntar tanto? ¿Querés saber si me acuerdo otras cosas?
- No. Quiero que me expliques porqué te acordas tantas cosas que tienen que ver conmigo.
- No me hagas responder. Estamos entrando en un lugar complicado y no tiene motivo.
- ¿Por qué complicado? Pensá que, de última, tengo terapia en una hora. Asi que, cualquier cosa que desarregle o desarregles, podré arreglarla en el consultorio de mi terapeuta.
- Porque sí. No estoy cómodo. ¿Lo podemos dejar acá?
- ¿No me contestás porque no estás cómodo? ¿Ese es tu motivo?
- Ya te dije que me acuerdo muchas cosas, pero de las personas importantes más. Y te describo un instante de hace dos años como si fuera ayer. ¿No es obvia la respuesta a tu pregunta?
- No. Pero bueno, no estás cómodo, salgamos de acá.
- Sos importante para mí. Ya sé que fueron meses de ir y venir, después un mes bien, un mes mal... Pero de una u otra forma me gusta. Sino no estaríamos hablando ahora, ¿no? En muy poco tiempo, me pasaron cosas grosas con vos. Estuve con mujeres más tiempo garchando, y no me acuerdo tantas cosas... Ya sé que estás contenta por las respuestas que te estoy dando, por lo que te digo. No entiendo porqué. Pero no me siento cómodo, ya sabés como soy.
- Algún día vos y yo nos vamos a sentar a charlar con más tiempo. Va a haber cosas que me van a gustar y cosas que no, al igual que te pasará a vos. Pero lo creo necesario.
- No me gusta hablar de lo que me pasa o pasó. Prefiero cagarme a piñas. Sabés que soy un cavernario, ¿por qué me hacés esto?
- Porque te conozco y sé que puedo hacer que me hables.
- No sé para qué querés hablar, con qué objeto? Si nada va a cambiar.
- ¿Estás dolido?
- No, no sé, qué se yo. ¿Podemos salir de acá? La puta madre...
- Está bien. Pero vos y yo algún día vamos a hacer tres litros de mate, vamos a llenar varios ceniceros y vamos a hablar. Te quiero.
- Yo también.
A partir de ese día, no lo puso nervioso nunca más. Se dio cuenta que él se ponía nervioso, pero también entendió que ella le rompió el corazón. Y ahí entendió: Él no estaba nervioso, tenía el corazón roto. Nada más ni nada menos. Ella debía cargar con ese peso. Ahora la nerviosa era ella.
Treinta y dos.
- Qué pensaste cuando me viste por primera vez?
- No sé, cuándo te vi? Mirá, la primera vez que te vi estabas con una amiga. Y nada, me pareciste hermosa, pero que algún mambo tenías. Era como que me intrigabas. Yo observo a la gente y veo cosas. Como que te querés llevar el mundo por delante, que querés ser el centro. Pero es porque querés que te contengan, que te abracen fuerte y dejar que el otro se haga cargo de todo, al menos, por un rato. Después, un día, hablamos porque sí. Con la excusa de compartir birra, fernet, y cigarrillos. Obvio que por momentos eras una estrella, pero cuando bajabas la guardia conmigo, eras pura ternura. Vos, cuál es el recuerdo más lejano que tenés de mi?
- Una noche que hablamos, mientras mi amiga se durmió sobre una mesa. Me acuerdo también que hablamos por facebook, bah, varias. Y eso fue el principio del fin.
- Esa noche me la acuerdo. Estaban sentados a los pies de la escalera. Y nosotros hablábamos en la barra. Y si no me equivoco, fue ahí -o al otro fin de semana- que me pasaste tu facebook. Me acuerdo patente que me tocaste el orto esa noche. Ya estás rumbo a la psicóloga?
- Si. Me acabo de subir al bondi. Me estás rajando, de casualidad?
- Algo así, vos me entenderás. Ya te hice compañía en tu madrugón.
- Si, gracias.
- Te voy a querer siempre.
- Hasta siempre, entonces.
- Nunca mejor dicho. Hasta siempre.
Esa fue la última vez que hablaron. Al menos hasta el día de hoy.
- No sé, cuándo te vi? Mirá, la primera vez que te vi estabas con una amiga. Y nada, me pareciste hermosa, pero que algún mambo tenías. Era como que me intrigabas. Yo observo a la gente y veo cosas. Como que te querés llevar el mundo por delante, que querés ser el centro. Pero es porque querés que te contengan, que te abracen fuerte y dejar que el otro se haga cargo de todo, al menos, por un rato. Después, un día, hablamos porque sí. Con la excusa de compartir birra, fernet, y cigarrillos. Obvio que por momentos eras una estrella, pero cuando bajabas la guardia conmigo, eras pura ternura. Vos, cuál es el recuerdo más lejano que tenés de mi?
- Una noche que hablamos, mientras mi amiga se durmió sobre una mesa. Me acuerdo también que hablamos por facebook, bah, varias. Y eso fue el principio del fin.
- Esa noche me la acuerdo. Estaban sentados a los pies de la escalera. Y nosotros hablábamos en la barra. Y si no me equivoco, fue ahí -o al otro fin de semana- que me pasaste tu facebook. Me acuerdo patente que me tocaste el orto esa noche. Ya estás rumbo a la psicóloga?
- Si. Me acabo de subir al bondi. Me estás rajando, de casualidad?
- Algo así, vos me entenderás. Ya te hice compañía en tu madrugón.
- Si, gracias.
- Te voy a querer siempre.
- Hasta siempre, entonces.
- Nunca mejor dicho. Hasta siempre.
Esa fue la última vez que hablaron. Al menos hasta el día de hoy.
Treinta y uno.
La segunda noche que se quedó a dormir en el departamento, se despertó en medio de la noche. Se desveló. Daba vueltas y vueltas, y no podía conciliar el sueño. Y en el intento de ir en busca de un libro, abrió el placard y se encontró con el atado de cigarrillos vacío que ella le regaló una vez, así como con una servilleta en dónde ella le escribió su facebook la cuarta noche que hablaron en el bar.
Vino corriendo a contármelo.
Y juntas nos dimos cuenta que el flaco no la iba a dejar ir tan facilmente. Y que, a fin de cuentas, no la iba a olvidar nunca más.
Vino corriendo a contármelo.
Y juntas nos dimos cuenta que el flaco no la iba a dejar ir tan facilmente. Y que, a fin de cuentas, no la iba a olvidar nunca más.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Treinta.
"Estábamos los dos juntos esperando el colectivo mientras llovía a cántaros. Pero poco nos importaba. En cuanto llegó el bondi, le dí el abrazo más fuerte que pude, de hecho nunca creí que se podía abrazar a alguien con tanto sentimiento. Y ahí fue cuando supe que no lo iba a dejar nunca"
Si me preguntan que es el amor, les puedo recomendar que pasen los días de lluvia por la calle Diaz Velez y los miren. No hay amor más grande que el de ellos, el de dos personas que esperan juntos.
Si me preguntan que es el amor, les puedo recomendar que pasen los días de lluvia por la calle Diaz Velez y los miren. No hay amor más grande que el de ellos, el de dos personas que esperan juntos.
Veintinueve.
Me contó que le hacía temblar desde las pestañas hasta la punta de los pies. Que hacía ricos mates y que podría mirarlo un día entero sin cansarse. Que jugaban a ver quién se reía más fuerte, a ver quién hacía el chiste más malo.
Hasta que un día, ella lo acompañó hasta la parada del 109, ahí en Corrientes y Angel Gallardo. El pibe desapareció, nadie sabe bien que pasó ni por qué se borro. Malas lenguas hay por todos lados, pero esta muchacha, hoy puñado de huesos y pocas ganas, prefiere pensar que algún día va a volver. Ella todavía lo espera, todos los lunes, en el mismo lugar y a la misma hora.
Veintiocho.
Fue lo de siempre, digamos.
Siempre supe que la gente es provisoria, temporal. Pero resulta que no sé si estaba preparada para perderle el rastro. Con tantos mates y tantos puchos de por medio, me dolió perderle el rastro. Pero, con el tiempo, será alguien más que se suma a la lista de quienes pasaron sin pena ni gloria, y así se fueron. No es nada del otro mundo, he pasado dolores peores.
De hecho -me tomo el atrevimiento de tomar algo prestado de un gran escritor-, con tantas personas perdidas, llorar por cosas como esta, sería como faltarle el respeto al dolor. Aunque el muy canalla, más de una vez ha sido el encargado de faltarme el respeto.
Fue lo de siempre, digamos.
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