Me contó cómo la habían secuestrado y la horrible forma en la cual la llevaron al centro de detención. Me contó lo larguísimas que le parecieron esas horas en las cuales estuvo cautiva. Me contó la cantidad de veces y la forma en la que la violaron, mientras ella rezaba o cantaba canciones. Me contó de las quemaduras de cigarrillo que le hicieron en el cuerpo. Me dijo, también, que esas marcas no se le iban a ir nunca más.
Y ahí me di cuenta que hay cosas que duelen muchísimo más.
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