Otra de las que yo denomino "Patologías del alma" es el vacío. Podés estar rodeada de gente, podés estar metida en el tumulto más grande del mundo, pero sentís un hueco adentro. Ese hueco a veces se confunde con la culpa, o con el dolor, pero no es más que el vacío. Es como una falta que parece imposible llenar porque, de hecho y aunque lo intentes, no se llena con nada: Ni con música, ni con gente, ni con plata, ni con cosas. Simplemente no se llena, y se va agrandando con el pasar del tiempo si no encontrás esa parte justa que simula poder llenar ese hueco.
Igual llegué a una -horrible- conclusión: Durante el tiempo que estés buscando la manera justa de llenar el hueco o de solucionar el problema del vacío, es el punto justo en el cual se tocan el vacío con los dolores del alma.
Lo difícil de todo esto, es superar esos lapsos.
viernes, 23 de julio de 2010
miércoles, 7 de julio de 2010
Siete.
"Vos no sabés cómo nos divertíamos", me dijo. "Al saber que las bombas inglesas caían cada tres segundos el juego consistía en: "Uno, dos, tres... Seguimos vivos". Y el pozo se llenaba de un silencio similar al de un cementerio, hasta que cayera la nueva bomba y volviéramos a contar..."
lunes, 5 de julio de 2010
Seis.
Me contó cómo la habían secuestrado y la horrible forma en la cual la llevaron al centro de detención. Me contó lo larguísimas que le parecieron esas horas en las cuales estuvo cautiva. Me contó la cantidad de veces y la forma en la que la violaron, mientras ella rezaba o cantaba canciones. Me contó de las quemaduras de cigarrillo que le hicieron en el cuerpo. Me dijo, también, que esas marcas no se le iban a ir nunca más.
Y ahí me di cuenta que hay cosas que duelen muchísimo más.
Y ahí me di cuenta que hay cosas que duelen muchísimo más.
Cinco.
Lo peor de cuando sentís esos dolores en alma, esas especies de puntadas al corazón, no podés reaccionar, no podés hacer nada. Porque, a cada paso que das, a cada momento en el cual se te estruja el corazón, se te van las ganas de seguir. Se te van las ganas de seguir sonriendo, las ganas de seguir luchando, las ganas de seguir adelante con todo lo que alguna vez te propusiste.
Cuatro.
Quedarse con el "Que hubiera sido si..." es una de las peores cosas que pueden pasar. Por el simple hecho de que esa simple frase, esa simple ilusión, te abre las puertas a un sin fin de posibilidades, pero ninguna concreta. Nada certero, nada puntual. Solo las mil y un conclusiones de "Que hubiera pasado si..."
Tres.
Se siente como un nudo en el estómago, tan pero tan fuerte que te hace doler hasta el alma. No sé bien dónde queda el alma, ni si el alma duele, pero es tan profundo el nudo que siento que se me estruja el alma. Este nudo se situa justo entre la boca del estómago y el corazón, como si fuese un huracán constante.
Consecuencia de eso, las palabras no salen: Ni lindas, ni feas, ni dulces, ni agresivas. Simplemente no salen. Tampoco las expresiones faciales, ni corporales. Estás como dura en el medio de la nada, estás como un ser inerte mientras la vida se te pasa.
Honestamente no me imaginaba que amar podía doler tanto, tanto, tanto.
Consecuencia de eso, las palabras no salen: Ni lindas, ni feas, ni dulces, ni agresivas. Simplemente no salen. Tampoco las expresiones faciales, ni corporales. Estás como dura en el medio de la nada, estás como un ser inerte mientras la vida se te pasa.
Honestamente no me imaginaba que amar podía doler tanto, tanto, tanto.
domingo, 4 de julio de 2010
Dos.
"No todo es fácil", me dijo. Al instante intentó esconder, tapando con sus manos, su cara, pero no pudo: Pude ver bien clarito como se le caía una lágrima. También intentó seguir hablando pero tampoco pudo, tenía un nudo en la garganta de un tamaño lo suficientemente grande como para que le impidiera emitir cualquier tipo de sonido.
Al no poder hacer nada, se paró y se fue: Me dejó llena de preguntas, de dudas. Evidentemente nada estaba siendo lo suficientemente fácil para ninguno de los dos.
Al no poder hacer nada, se paró y se fue: Me dejó llena de preguntas, de dudas. Evidentemente nada estaba siendo lo suficientemente fácil para ninguno de los dos.
sábado, 3 de julio de 2010
Uno.
Ella siempre usaba la palabra "Puto". Como adjetivo, como sustantivo, la decía a los gritos, la decía por lo bajo, pero siempre la tenía presente. Pero "Puta", no. "Puta" era una palabra que iba mucho más allá que un sustantivo o un adjetivo.
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