miércoles, 23 de noviembre de 2011

Treinta.

"Estábamos los dos juntos esperando el colectivo mientras llovía a cántaros. Pero poco nos importaba. En cuanto llegó el bondi, le dí el abrazo más fuerte que pude, de hecho nunca creí que se podía abrazar a alguien con tanto sentimiento. Y ahí fue cuando supe que no lo iba a dejar nunca"

Si me preguntan que es el amor, les puedo recomendar que pasen los días de lluvia por la calle Diaz Velez y los miren. No hay amor más grande que el de ellos, el de dos personas que esperan juntos.

Veintinueve.

Me contó que le hacía temblar desde las pestañas hasta la punta de los pies. Que hacía ricos mates y que podría mirarlo un día entero sin cansarse. Que jugaban a ver quién se reía más fuerte, a ver quién hacía el chiste más malo.

Hasta que un día, ella lo acompañó hasta la parada del 109, ahí en Corrientes y Angel Gallardo. El pibe desapareció, nadie sabe bien que pasó ni por qué se borro. Malas lenguas hay por todos lados, pero esta muchacha, hoy puñado de huesos y pocas ganas, prefiere pensar que algún día va a volver. Ella todavía lo espera, todos los lunes, en el mismo lugar y a la misma hora.

Veintiocho.

Fue lo de siempre, digamos.

Siempre supe que la gente es provisoria, temporal. Pero resulta que no sé si estaba preparada para perderle el rastro. Con tantos mates y tantos puchos de por medio, me dolió perderle el rastro. Pero, con el tiempo, será alguien más que se suma a la lista de quienes pasaron sin pena ni gloria, y así se fueron. No es nada del otro mundo, he pasado dolores peores.
De hecho -me tomo el atrevimiento de tomar algo prestado de un gran escritor-, con tantas personas perdidas, llorar por cosas como esta, sería como faltarle el respeto al dolor. Aunque el muy canalla, más de una vez ha sido el encargado de faltarme el respeto.

Fue lo de siempre, digamos.

Veintisiete.

Nunca entendí cómo podía caber tanto desamor dentro de una misma persona.
Pero, un día vino y me dijo: "Es lo que me parece mejor, dejar que el tiempo pase y acomode las cosas."

Y así, con su puta diplomacia, me rompió el corazón.